Tras pasar un gran día en Milán hemos vuelto al Instituto Primo Levi. Empezamos la jornada en clase de Matemáticas, donde nuestros chicos y chicas les enseñaron a sus compañeros una canción para aprender más fácilmente fórmulas de trigonometría. El profesor quedó encantado con la iniciativa y prometió incorporarla a su método de enseñanza.
Tras la pausa, nos colamos en la clase de español, donde nuestro grupo presentó nuestro pueblo a los estudiantes italianos, que quedaron muy sorprendidos cuando les explicamos que somos grandes productores de frutas tropicales. También investigamos el papel de las multinacionales y su relación con el medio ambiente, embarcándonos en un interesante debate sobre desarrollo y contaminación.
Una vez terminada la parte académica, continuamos aprendiendo de una forma más lúdica. Pusimos rumbo a Monza, localidad famosa por su circuito de Fórmula 1 (lástima que estuviera cerrado, pues nos quedamos con las ganas de visitarlo). Monza es un pueblo sorprendente, donde destaca su centro histórico peatonal lleno de calles con encanto y su catedral del siglo XIV. Si su fachada es impresionante, los frescos de su interior nos dejaron con la boca abierta.
Al caer la tarde, encaminamos nuestros pies cansados hacia la Villa Real de Monza, un gran complejo arquitectónico de estilo neoclásico, donde pudimos sentarnos en el jardín real y disfrutar del césped bajo el sol. Sin duda, una jornada encantadora que nos dejó con ganas de seguir descubriendo Brianza, esta maravillosa región de Lombardía.
Una vez terminada la parte académica, continuamos aprendiendo de una forma más lúdica. Pusimos rumbo a Monza, localidad famosa por su circuito de Fórmula 1 (lástima que estuviera cerrado, pues nos quedamos con las ganas de visitarlo). Monza es un pueblo sorprendente, donde destaca su centro histórico peatonal lleno de calles con encanto y su catedral del siglo XIV. Si su fachada es impresionante, los frescos de su interior nos dejaron con la boca abierta.
Al caer la tarde, encaminamos nuestros pies cansados hacia la Villa Real de Monza, un gran complejo arquitectónico de estilo neoclásico, donde pudimos sentarnos en el jardín real y disfrutar del césped bajo el sol. Sin duda, una jornada encantadora que nos dejó con ganas de seguir descubriendo Brianza, esta maravillosa región de Lombardía.